En el vídeo anterior veíamos los dos primeros apartados correspondientes al segundo capítulo de la encíclica Laudato si', del papa Francisco. Vamos a continuar con el siguiente, dedicado a reflexionar acerca de las crisis y consecuencias del antropocentrismo moderno. Está dividido en una introducción y tres subapartados.

En dicha introducción, se nos hace caer en la cuenta de que el antropocenstismo moderno ha conseguido que la realidad sea desplazada por la técnica, debilitando el valor que el mundo tiene en sí mismo. Ha llegado el momento de volver a prestar atención a la realidad y a los límites que ella impone, ya que se ha extendido el pensamiento de que la ciencia y la técnica humanas no deben conocer límite alguno. Incluso puede llegar a cundir el pensamiento de que la defensa de la naturaleza es cosa de débiles. Los cristianos no deben pensar eso, puesto que tenemos que vernos a nosotros mismos como administradores responsables de la creación.

Hoy día es palpable la falta de preocupación por medir el daño a la naturaleza. Francisco hace una relación muy sencilla utilizando algunos ejemplos. Cuando no se reconoce el valor de un pobre, de un embrión humano o de una persona con discapacidad, difícilmente se escucharán los gritos de la misma naturaleza. Todo está conectado. No habrá una nueva relación con la naturaleza sin un nuevo ser humano, tenemos que tomar conciencia de la necesidad de cambiar nuestro modo de vida.

Además, considerar al ser humano como una criatura más entre los demás, sin nada de especial, hace que disminuya en las personas la conciencia de la responsabilidad; este biocentrismo no resolverá la situación actual y, además, añadirá otros problemas nuevos.

La introducción termina resaltando la importancia de las relaciones entre las personas. No podemos pretender sanar nuestra relación con la naturaleza y el ambiente sin sanar todas las relaciones básicas del ser humano. Por último, dado que todo está relacionado, tampoco es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto.

Entre los puntos 122 y 123, Francisco aporta iluminación con respecto al relativismo práctico. Cuando el ser humano se coloca a sí mismo en el centro, termina dando prioridad absoluta a sus conveniencias circunstanciales, y todo lo demás se vuelve relativo, todo se vuelve irrelevante si no sirve a los propios intereses inmediatos.

La cultura del relativismo es lo que empuja a una persona a aprovecharse de otra y a tratarla como mero objeto: trabajos forzados, esclavos a causa de una deuda, explotación sexual de niños, abandono de ancianos… Es la misma lógica del “usa” y “tira”.

Finaliza diciendo que, sin una verdad objetiva o unos principios universalmente válidos, las leyes solo se entenderán como imposiciones arbitrarias y como obstáculos a evitar.

Desde el punto 124 al 129 nos encontramos con un subapartado dedicado a la necesidad de preservar el trabajo, que es indispensable incorporar a cualquier planteamiento sobre una ecología integral.

Podemos leer acerca de la necesidad de una correcta concepción del trabajo junto a la admiración contemplativa de San Francisco de Asís. El papa Francisco pone como ejemplo de una rica y sana comprensión sobre el trabajo a Carlos de Foucauld y sus discípulos. Además, dice que San Benito “ora et labora” impregnó el trabajo de sentido espiritual gracias a su “ora et labora”.

Esa manera de vivir el trabajo nos vuelve más cuidadosos y respetuosos con el ambiente.

La Iglesia Católica afirma que la persona es la autora, el centro y el fin de toda la vida económico-social, y es a través del trabajo que se desarrollan las muchas dimensiones de la vida (creatividad, comunicación, etc…). Es necesario que se siga buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo por parte de todos, más allá de los intereses limitados de las empresas.

El punto 128 es muy intenso. Comienza indicando que el progreso tecnológico no debe reemplazar más y más al trabajo humano, porque la humanidad se dañaría en sí misma. El trabajo es una necesidad.

A continuación dice que ayudar a los pobres con dinero siempre tiene que ser una solución provisional. El objetivo tiene que ser permitirles una vida digna a través del trabajo. Y eso no es posible con el avance tecnológico que reduce costos de producción disminuyendo puestos de trabajo. La acción del ser humano puede volverse contra sí mismo.

El punto 128 termina diciendo que dejar de invertir en las personas para obtener un beneficio inmediato es muy mal negocio para la sociedad.

El segundo sub-apartado termina diciendo que la economía mundial favorece a las grandes empresas y deja de lado a los pequeños productores, hecho que los gobiernos deberían evitar.

Por último, el tercer sub-apartado dedica siete puntos a revisar la innovación biológica a partir de la investigación. Habla, fundamentalmente de la investigación biológica y la manipulación genética. Al mencionar el Catecismo de la Iglesia Católica, Francisco dice que la experimentación animal solo es legítima si se mantiene en límites razonables y contribuye a cuidar o salvar vidas humanas. Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas.

El papa Francisco habla sobre los organismos genéticamente modificados, sobre los que no dice que sean buenos ni malos en sí mismos, sino que los riesgos pueden venir de su aplicación inadecuada o excesiva.

En muchos lugares, la utilización de cultivos modificados en laboratorio ha supuesto que las tierras se concentren en manos de unos pocos y que los más frágiles se conviertan en mano de obra explotada. Es inmoral también que muchas empresas vendan semillas estériles, porque obligan a los campesinos a comprar semillas nuevas cada vez.

El capítulo termina expresando la preocupación porque algunos movimientos ecologistas defiendan la integridad del ambiente e ignoren los mismos principios para la vida humana cuando se experimenta con embriones humanos vivos. El valor de un ser humano va más allá del grado de su desarrollo.

La técnica separada de la ética, difícilmente será capaz de autolimitar su poder.

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Introducción.

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Laudato si

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