LA PERSONA HUMANA EN EL DESIGNIO DE AMOR DE DIOS

[34 - 48 ]

a) El Amor trinitario, origen y meta de la persona humana

Ser persona a imagen y semejanza de Dios comporta existir en relación al otro “yo”, es decir a las demás personas. El Señor, cuando ruega al Padre «que todos sean uno, como nosotros también somos uno» (Jn 17, 21 - 22), sugiere una cierta semejanza entre la unión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y la unión de los Hijos de Dios en la verdad y en la caridad. Por eso, y por otras cuestiones, la revelación cristiana proyecta una luz nueva sobre la identidad, la vocación y el destino último de la persona. Cuando las acciones humanas tienden a promover la dignidad de la persona, la calidad de sus condiciones de vida, el encuentro y solidaridad de los pueblos y naciones, entonces se producen de acuerdo al designio de Dios. De hecho, a partir del libro del Génesis, podemos extraer tres fundamentos básicos:

La persona humana tiene dignidad desde que nace, no la tiene que ganar.

El ser humano es social y se relaciona con otros, tomando como ejemplo la relación originaria entre el hombre y la mujer.

El significado del actuar humano en el mundo está ligado al descubrimiento y respeto de las leyes de la naturaleza.

b) La salvación cristiana: para todos los hombres y para todo el hombre

Así, la salvación ofrecida por Dios a través de Jesucristo es para todas las personas y afecta a todas las dimensiones humanas: lo personal y lo social, lo espiritual y lo corpóreo, lo histórico y lo trascendente.

Pero esta salvación requiere una libre respuesta y adhesión. En eso consiste la fe, por la cual el hombre se entrega entera y libremente a Dios, respondiendo con el amor concreto hacia los hermanos y con esperanza firme. El plan divino de salvación no coloca a la criatura humana en un estado de pasividad o de minoría de edad. No se puede amar a Dios sin amar al resto de seres humanos; es inseparable la relación con Dios de la responsabilidad frente al prójimo. En el corazón de la persona tienen que entrelazarse el amor hacia Dios y la apertura al amor concreto hacia el otro, que debe ser tratado como otro yo, aun cuando sea un enemigo. Por eso en la dimensión interior del ser humano radica el compromiso por la justicia y la solidaridad, para la edificación de una vida social, económica y política conforme al designio de Dios.

c) El discípulo de Cristo como nueva criatura

El discípulo de Cristo se adhiere al misterio pascual de Jesús, de manera que su hombre viejo, con sus malas inclinaciones, está crucificado con Cristo. Esto quiere decir que cuando no ponemos en práctica ese compromiso por la justicia y la solidaridad, debemos transformar nuestro interior y morir a nuestra vieja vida para renacer en una vida nueva. Esta transformación interior es el presupuesto esencial de una renovación real en las relaciones con las demás personas. Pero, atención, estamos obligados a cambiar también las instituciones y las condiciones de vida para que sean conforme a las normas de justicia y favorezcan el bien en lugar de oponerse a él. No es posible amar al prójimo como a sí mismo sin la firme y constante determinación de esforzarse por lograr el bien de todos y cada uno, porque todos somos verdaderamente responsables de todos.

Y lo mismo se aplica en relación con el universo; debemos amar la creación para no destruirla por la soberbia y el amor desordenado hacia uno mismo.

d) Trascendencia de la salvación y autonomía de las realidades terrenas

Por otra parte, cuanto más se profundiza en la afirmación de que Jesucristo es el Hijo de Dios, más se libera la identidad humana y mayor capacidad de transformación interior se posee. Esta liberación está muy lejos de mortificar a las personas y permite interiorizar lo que significa que el fin último de la persona es Dios mismo. El ser humano no puede darse a un proyecto solo humano de la realidad, a un ideal abstracto, ni a falsas utopías. En cuanto persona, puede darse a otra persona o a otras personas y, por último, a Dios. Decimos que están limitadas las personas que rechazan darse a otros y formar una auténtica comunidad humana. De igual manera, también están limitadas las sociedades que en su forma de organización social, de producción y de consumo, hacen más difícil la realización de esta donación personal y de la formación de la solidaridad entre las personas.

La persona humana no puede y no debe ser instrumentalizada por las estructuras sociales, económicas y políticas

¿Quieres más vídeos?

Echa un vistazo a otros vídeos del módulo "DESIVI".

Ir al vídeo Designio de Dios y misión de la Iglesia

Designio de Dios y misión de la Iglesia

DESIVI v04.

Ir al vídeo Jesucristo, cumplimiento del designio de amor del padre

Jesucristo, cumplimiento del designio de amor del padre

DESIVI v02.

Ir al vídeo La acción liberadora de Dios en la historia de Israel

La acción liberadora de Dios en la historia de Israel

DESIVI v01.

¿Y ahora qué?

Si te gusta este vídeo o alguno de los otros que ponemos a tu disposición, contrátanos o descárgate un libro para que Cinco Panes pueda seguir existiendo.