“(La participación) es una consecuencia característica de la subsidiariedad. […] El ciudadano […] contribuye a la vida cultural, económica, política y social de la comunidad civil a la que pertenece. […] Es un deber que todos han de cumplir conscientemente, en modo responsable y con vistas al bien común” (Compendio de la DSI, número 189).

No es raro que en nuestras parroquias y colegios escuchemos frases como las siguientes: “Soy muy mayor”, “no necesito complicar más mi vida”, “no tengo tiempo”, “no estoy preparado”, “déjate de política”, etc…

¿Qué dice la Iglesia Católica al respecto?

El papa Pablo VI escribió: “(La participación) es una exigencia fundamental de la naturaleza del hombre, un ejercicio concreto de su libertad, un camino para su desarrollo en la vida económica… y hoy día se extiende al campo social y político” (Octogesima adveniens, número 47). Una exigencia fundamental.

Gaudium et spes, un documento del Concilio Vaticano II, nos indica que cuando el ser humano tenga unas condiciones de vida adecuadas, podrá tomar conciencia de su dignidad y de su vocación (cf. GS 31). El número 31 termina diciendo: “Merece alabanza la conducta de aquellas naciones en las que la mayor parte de los ciudadanos participa con verdadera libertad en la vida pública”.

En Octogesima adveniens, su santidad Pablo VI nos recuerda que “toda persona cristiana tiene la obligación de participar en la (búsqueda de la sociedad democrática), al igual que en la organización y en la vida políticas” (número 24). Tiene la obligación de participar.

Este aspecto es delicado, ya que a veces confundimos la política con el seguimiento cristiano. Las ideas del partido político al que le tenemos simpatía no pueden sepultar las enseñanzas de Jesús ni del magisterio de la Iglesia Católica. Al contrario, estas tienen que servir para iluminar lo que nuestro partido propone.

A la luz de lo que nos decía el beato Pablo VI, podemos decir que los católicos nos tenemos que comprometer con nuestro barrio, con nuestro vecindario, con nuestro municipio, para concretar el Reino de Dios en el día a día.

Pío XII, en su radiomensaje ‘La Solennita’ (navidad de 1941), decía que “los bienes creados […] lleguen con equidad a todos según los principios de justicia y caridad” (12). De igual manera, Gaudium et spes nos dice que “jamás debe perderse de vista este destino universal de los bienes” (Gaudium et spes, número 69). Es decir, que nuestra participación social, nuestra actividad política, no debe perder nunca de vista nunca la justa distribución de la riqueza. Profundizaremos en ello en otro vídeo.

Uno de los muchos peligros a los que nos enfrentamos los cristianos a la hora de participar en la vida social, es el propio progreso. Cuando se convierte en lo que nos mueve y en lo que mide la calidad de vida o la felicidad, se vuelve ambiguo. “¿Qué significa esta búsqueda inexorable de un progreso que se esfuma cada vez que uno cree haberlo conquistado? Un progreso absolutamente autónomo deja insatisfacción total en la persona humana. […]¿No está acaso el verdadero progreso en el desarrollo de la conciencia moral, que conducirá a la persona a tomar sobre sí las solidaridades ampliadas y a abrirse libremente a los demás y a Dios?” (Octogesima adveniens, número 41).

Por lo tanto, la DSI nos empuja a participar en las tareas de la sociedad, para que el mundo sea más justo para todos y todas. Pero, ¿de qué manera podemos hacer efectiva esa participación?

Participación en la cultura. “La Iglesia […] ha empleado los hallazgos de las diversas culturas para difundir y explicar el mensaje de Cristo […] para investigarlo y comprenderlo con mayor profundidad” (Gaudium et spes, número 58).

Participación en la vida económica, a través del trabajo.

Participación internacional. Esto de mejorar el mundo “no se podrá realizar sin la colaboración de todos, especialmente de la comunidad internacional, en el marco de una solidaridad que abarque a todos, empezando por los más marginados” (Sollicitudo rei socialis, número 45).

Participación en la vida política, para que podamos vivir la libertad de un modo responsable.

Para finalizar, recordaremos que cuando nos sintamos mayores, con pocos conocimientos, faltos de tiempo, sin ganas para participar de la sociedad, etc… tenemos que regresar a la fuente, Jesús de Nazaret, y a lo que nos dice el magisterio al respecto.

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