Lo más importante para entender los Evangelios es tener en cuenta que no son biografías de Jesús; no son libros de historia. Los evangelistas pusieron por escrito solo unas pocas cosas de las muchas que se transmitían oralmente, a viva voz. Y no solo eso, los mismos evangelistas decidieron reducir algunos fragmentos o bien ampliarlos y fusionarlos, para adaptar el mensaje a las personas concretas que debían leerlo.

Por lo tanto, los católicos sabemos que los hechos de la historia acerca de la vida de Jesús de Nazaret no son EXACTAMENTE y PUNTO POR PUNTO tal y como han sido escritos. Pero no nos rasgamos las vestiduras ni nos sentimos engañados, sino que entendemos que hay que aprender a leer los textos para saber de qué nos hablan y descubrir en ellos la Buena Noticia de Jesús.

Cuidado, que los textos no sean descripciones históricas no quiere decir que sean invenciones y cuentos. Los Evangelios narran la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús desde el punto de vista de la fe, y bajo esa óptica han de ser leídos para entenderlos. Sin embargo, no quiere decir que no podamos estudiarlos desde el punto de vista científico. Hemos descubierto mucho gracias a la investigación científica de los textos originales, y es importante destacar que estas investigaciones no están reñidas con una vivencia activa de la fe.

Los Evangelios conservan algunos aspectos históricos y son, al mismo tiempo, testimonios de fe. Pretenden poner en conocimiento de quien lo lea un mensaje cuyo objetivo es ayudar a cambiar el corazón y la vida. El Jesús histórico no está reñido con el Cristo de la fe, tal y como veíamos en otros videos anteriores.

Los cuatro Evangelios se dividen en dos grupos. Por una parte están los Evangelios Sinópticos, que son el de Mateo, Marcos y Lucas; de otro lado, nos encontramos el Evangelio según San Juan.

Mateo, Marcos y Lucas se agrupan entre sí porque tienen en común 350 versículos. Es por eso que los estudiosos de estos temas afirman que tuvo que existir un texto previo en el que se basaron los tres evangelistas para escribir el suyo propio. A este texto se le conoce como la Fuente Q, y podría ser un conjunto de textos con diferentes pasajes de la vida de Jesús y sus palabras. El Evangelio de Juan, por otra parte, aunque también narra la Buena Noticia de Jesús, guarda una estructura diferente. Además, el lenguaje que utiliza y la manera de expresar las ideas, es claramente distinto al de los otros tres. Por ello, se dice que el Evangelio de Juan no se basó en la fuente Q.

Por tanto, a la hora de leer los Evangelios tenemos que tener en cuenta todos estos datos, ya que, como se trata de textos muy antiguos escritos a partir de la tradición recibida, es probable que nos llamen la atención las diferentes maneras de contar un mismo acontecimiento entre los diferentes Evangelios. Veamos un ejemplo muy sencillo:

San Mateo nos dice que los apóstoles son: Simón (Pedro) y su hermano Andrés, Santiago y su hermano Juan (hijos de Zebedeo), Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo (publicano), Santiago (hijo de Alfeo) y Tadeo, Simón (el Cananeo) y Judas el Iscariote (que le traicionó) (Mt 10, 2).

En el Evangelio según San Marcos, los nombres que nos da son: Simón (Pedro), Santiago y su hermano Juan (hijos de Zebedeo), Andres y Felipe, Bartolomé y Mateo, Tomás y Santiago (hijo de Alfeo), Tadeo y Simón (el Cananeo) y Judas Iscariote (que le traicionó) (Mc 3, 16).

Y, por último, en el texto de San Lucas, los nombres de los apóstoles son: Simón (Pedro) y su hermano Andrés, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago (hijo de Alfeo), Simón (el Cananeo), Judas (hijo de Santiago) y Judas Iscariote (el que le traicionó) (Lc 6, 13).

Cuando leemos los tres fragmentos por separado, puede darnos la impresión de que los nombres son los mismos, a fin de cuentas en los tres relatos el número de apóstoles es doce. Pero, si comparamos los tres, vemos que hay unas diferencias muy sutiles. Por ejemplo San Marcos no dice que Andrés sea hermano de Pedro y San Lucas no incluye al apóstol Tadeo, sino que en su lugar hay un tal Judas, hijo de Santiago.

¿Qué ocurre? ¿Nos están mintiendo? Imagina lo siguiente: una persona se adhiere al mensaje de Jesús y comienza a seguirle, pero pasado un tiempo se desanima y le abandona. Si el hueco dejado por esa persona es ocupado por otra diferente, dará lugar a que en unas regiones conociesen a unos apóstoles y en zonas diferentes a otros.

Por supuesto, sólo es una posible interpretación, pero nos sirve para transmitirte que por cada diferencia que encuentres entre los pasajes de los diferentes evangelios, puede haber una explicación relacionada con el contexto concreto de la época. No es bueno quedarse en la contradicción, sino que se hace necesario investigarla en profundidad.

Para terminar con esta introducción a los Evangelios, nos gustaría aclarar un concepto sobre el que quizás hayas oído hablar: los Evangelios apócrifos. Muchas personas afirman que hay una conspiración por parte de la Iglesia Católica para ocultar las verdaderas palabras de Jesús y su vida y que, por eso, no reconoce estos textos.

En realidad, muchas iglesias, entre ella la católica, no reconocen estos documentos como parte de la Biblia por dos motivos fundamentales: porque han sido escritos muy tarde (varios siglos después de la muerte de Jesús) o porque no son coherentes con respecto al resto de documentos escritos por los primeros cristianos. La mayoría de estos textos utilizan nombres vistosos, como el Evangelio de María Magdalena, pero solo se utilizan para llamar la atención, porque en realidad no fueron escritos por esas personas. No nos extendemos más; en otros videos profundizamos sobre este tema.

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