El Nuevo Testamento comienza contando los pasajes acerca de la vida de Jesús que conocemos como Evangelios. En total hay cuatro Evangelios, pero podemos reunirlos en dos grupos: De un lado, los Evangelios sinópticos, que son los de Mateo, Marcos y Lucas y, por otra parte, el Evangelio de Juan.

¿Y por qué los dividimos así?

Bueno, pues porque los tres primeros se parecen mucho entre sí, y los expertos que estudian estos temas han llegado a la conclusión de que tiene que haber un texto más antiguo en el que están basados. A este origen común se le conoce como la fuente Q. Por otra parte, el Evangelio según San Juan es completamente diferente, y no tiene relación con esta fuente Q.

Cuando termina el Evangelio según San Juan, nos encontramos con un libro titulado “Hechos de los Apóstoles”, que también escribió el evangelista San Lucas.

En realidad, hay estudios que afirman que es casi seguro que el Evangelio de Lucas y los Hechos de los Apóstoles eran un único libro, pero que los primeros cristianos lo separaron en dos para poder agrupar los temas que trata. En los Hechos de los Apóstoles nos encontramos narraciones sobre la vida de los primeros cristianos después de la muerte de Jesús.

A continuación nos encontramos una serie de cartas escritas por San Pablo a las primeras Iglesias cristianas repartidas alrededor del Mediterráneo.

Al principio, el apóstol San Pablo tuvo problemas para que los cristianos le aceptaran como uno de los suyos, porque antes de eso se había dedicado a perseguirlos y entregarlos a las autoridades. Después de una discusión con San Pedro, se decidió que Pablo predicara para personas no judías y Pedro lo hiciese para personas judías. De estos acontecimientos nos hablan los Hechos de los Apóstoles y también algunos fragmentos en las cartas de Pablo. En sus textos, anima a los cristianos para que no se dejen vencer por la dificultad y les ayuda a resolver los conflictos que iban surgiendo entre ellos.

Después de las cartas de San Pablo, que son muchas, nos encontramos en la Biblia con otras cartas escritas por diferentes personas: San Juan, San Pedro, etc… Los estudios demuestran que estos textos no tuvieron por qué ser escritos por la persona que indica. Es decir, que si una carta se titula: ‘Carta de Pedro’, no necesariamente tuvo que ser escrita por el apóstol San Pedro, sino que alguno de sus discípulos pudo haber puesto por escrito aquello de lo que él hablaba.

La Biblia católica termina con el Apocalipsis, escrito por el mismo San Juan que escribió uno de los Evangelios.

El Apocalipsis es un libro que se conoce como profético, pero no porque adivine sucesos, sino porque habla del final de los tiempos, de lo que vendrá cuando acabe todo.

Sin embargo, con el Apocalipsis hay que tener muy en cuenta que es necesario saber leer entre líneas. En el momento en que el Apocalipsis se escribió, ser cristiano estaba prohibido, se les perseguía y encerraba o mataba. Hay que tener en cuenta que el texto está lleno de lo que conocemos como lenguaje simbólico, es decir escribir una palabra para referirnos a otra. Como ejemplo, diremos que en lugar de hablar de Jesús y utilizar su nombre, veremos que el Apocalipsis se refiere a él como “El Cordero” u otras referencias que hay que saber entender.

El Apocalipsis es un libro muy difícil de leer, precisamente por la cantidad de símbolos que utiliza. Decíamos que hay que saber leer entre líneas, pero debemos llevar cuidado y no malinterpretarlo como un libro mágico. La dificultad para entenderlo aumenta porque se han filmado muchas películas que hablaban sobre estos mensajes ocultos, como si la Iglesia Católica guardase bajo llave algún tipo de información que nadie debiera conocer. Es normal que se forme un lío en nuestra cabeza, pero leyéndolo despacio y conociendo el contexto de la historia, podemos llegar a deshacer nuestra madeja de ideas confundidas.

En total, si sumamos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, tendremos 73 libros, que tal como decíamos en el video anterior, fueron escritos a lo largo de más de 1500 años de historia.

Para asegurarnos de que una Biblia es católica, tenemos que encontrar en las primeras páginas las autorizaciones correspondientes. Tomemos como ejemplo esta Biblia escrita en Lingala, un idioma del centro de África. Leamos lo siguiente: “Esengo na bato ba motéma bobóla, zambí bakoyíngela o Bokonzi bwa Likoló”.

Lo que acabamos de leer está en el capítulo 5 del Evangelio según San Mateo. Pero, ¿cómo podemos saber que la traducción se corresponde con los textos originales? Bueno, pues si nos vamos a las primera páginas, dice: “Imprimatur: Cardenal Etsou, en Kinshasa, a 6 de septiembre de 1996”. Es decir, que ese cardenal dio su aprobación al texto y afirma bajo su responsabilidad que lo que está escrito se corresponde con los textos originales. Esa es la manera en que podremos diferenciar una Biblia católica de otra que no lo es, buscando en las primeras páginas unas palabras que indiquen: IMPRIMATUR, o bien, NIHIL OBSTAT. De esa manera, sabremos que la Iglesia Católica dio el visto bueno a los textos que componen esa Biblia.

Para terminar, nos gustaría aclararte que aunque tengamos en la mano tres o cinco biblias católicas, el fondo del mensaje será el mismo. Se diferenciarán en el lenguaje, en la facilidad de las palabras, etc… pero la esencia del texto será la misma.

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