LA ACCIÓN LIBERADORA DE DIOS EN LA HISTORIA DE ISRAEL

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a)La cercanía gratuita de Dios

En todas las tradiciones culturales, cualquier experiencia religiosa intuye el Misterio (con mayúsculas) y logra captar algún rasgo del rostro de Dios.

En esos casos, Dios aparece como ‘origen de lo que es’ y pone a disposición de las personas los bienes necesarios para desarrollar unas condiciones de vida fundamentales. Al mismo tiempo, Dios aparece como ‘medida de lo que debe ser’, interpelando acerca del uso de esos bienes en relación con las demás personas. Por eso son importantes la dimensión del don y de la gratuidad y las repercusiones de esta dimensión. La persona tiene que administrar responsablemente el don recibido, pensando en los demás. En el Evangelio según San Mateo aparece esta regla de oro: “Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos” (Mt 7, 12).

En la experiencia religiosa universal destaca la Revelación que Dios hace de Sí mismo al pueblo de Israel, porque responde de un modo inesperado y sorprendente a la búsqueda humana de lo divino. En el libro del Éxodo, Dios se dirige a Moisés: “Bien vista tengo la aflición de mi pueblo en Egipto, y he escuchado su clamor. He bajado para librarle de la mano de los egipcios”. La cercanía gratuita de Dios se manifiesta a través de la conquista de la libertad y de la tierra que Dios dona al pueblo de Israel.

Pero esa gratuidad de la acción de Dios va acompañada de un compromiso por parte de su pueblo, lo llamamos Alianza. En el monte Sinaí, Dios propone una Alianza a quienes iban con Moisés y les da los diez mandamientos, que expresan las implicaciones de la pertenencia a Dios. La moral que encierran expresa reconocimiento, homenaje a Dios y culto de acción de gracias.

Los diez mandamientos indican las condiciones más seguras para una existencia liberada de la esclavitud del pecado, contienen una expresión privilegiada de la ley natural. Ponen de relieve los deberes esenciales y los derechos fundamentales de las personas. Los diez mandamientos constituyen las reglas primordiales de toda vida social, tal como recordó Jesús a aquel joven rico que se le acercó a preguntar (Mt 19, 18).

De los diez mandamientos deriva un compromiso que no es solo con Dios, sino también con las personas. Las relaciones sociales dentro del pueblo de Israel empezaron a regularse por lo que se llama ‘el derecho del pobre’: “Si hay junto a ti algún pobre de entre tus hermanos, no endurecerás tu corazón ni cerrarás tu mano” (cf. Dt 15, 7 - 8). Que también se aplica con respecto al forastero: “Al forastero que reside junto a vosotros, le miraréis como a uno de vuestro pueblo y lo amarás como a ti mismo; pues forasteros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto” (Lv 19, 33 - 34).

Por todo ello, la Alianza en el monte del Sinaí y los diez mandamientos no pueden separarse de una puesta en practica de la justicia y la solidaridad. Y es por eso que el pueblo de Israel creó la ley del año sabático (cada siete años) y del año jubilar (cada cincuenta años). Prescribe el reposo de los campos, la condonación de las deudas y una liberación general de las personas y los bienes; indica el principio regulador de las cuestiones relativas a la pobreza económica y la injusticia social. Se creó para eliminar las discriminaciones y las desigualdades provocadas por la evolución socioeconómica. Se dice que esta ley es Doctrina Social en pocas palabras.

Así, los preceptos del año sabático y del año jubilar muestran que los principios de justicia y solidaridad social están inspirados por la gratuidad del evento de salvación realizado por Dios, y que no son una mera corrección humana. Y por eso tenían que usarse de referencia para las creación de futuras leyes si el pueblo de Israel quería mantenerse fiel a Dios. Pero como no fue así, aparecieron los profetas, que pretendían hacer interiorizar estos principios por medio de su predicación y denuncia.

b)Principio de la creación y acción gratuita de Dios

Decir que Dios es creador no es solo expresar algo teórico. Cuando lo decimos, estamos manifestando el proyecto de Dios sobre toda la humanidad.

Si Dios da libremente el ser y la vida a todo lo que existe, y el hombre y la mujer están creados a su imagen y semejanza, entonces el hombre y la mujer están llamados a ser el signo visible y el instrumento eficaz de la gratuidad divina, la misma que liberó al pueblo de Israel de los egipcios y que inspiró los principios de solidaridad y justicia social.

Apartarse de esa puesta en práctica es querer administrar por cuenta propia la existencia y el actuar en el mundo. Y es en esa ruptura con el plan de Dios donde debe buscarse la raíz más profunda de todos los males que acechan a las relaciones sociales, de todas las situaciones que en la vida económica y política atentan contra la dignidad de la persona, contra la justicia y contra la solidaridad.

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